{"id":36481,"date":"2026-07-05T12:33:00","date_gmt":"2026-07-05T15:33:00","guid":{"rendered":"https:\/\/catamarcadespierta.com.ar\/nota\/13760"},"modified":"2026-07-05T12:33:00","modified_gmt":"2026-07-05T15:33:00","slug":"la-historia-del-exjugador-de-boca-que-tiene-a-su-hermano-y-a-su-cunada-desaparecidos-encontro-a-su-sobrino-y-pide-que-el-futbol-no-olvide","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nvccatamarca.com\/index.php\/2026\/07\/05\/la-historia-del-exjugador-de-boca-que-tiene-a-su-hermano-y-a-su-cunada-desaparecidos-encontro-a-su-sobrino-y-pide-que-el-futbol-no-olvide\/","title":{"rendered":"La historia del exjugador de Boca que tiene a su hermano y a su cu\u00f1ada desaparecidos, encontr\u00f3 a su sobrino y pide que el f\u00fatbol no olvide"},"content":{"rendered":"<p>En 1983, el horizonte de Julio C\u00e9sar \u201cChicho\u201d Gaona parec\u00eda no tener techo. Volante de gran manejo y pegada exquisita, acababa de consagrarse subcampe\u00f3n del mundo juvenil en M\u00e9xico, compartiendo cartel con las promesas m\u00e1s deslumbrantes de la \u00e9poca. Las ofertas del exterior no tardaron en llover: el Atl\u00e9tico de Madrid, el Par\u00eds Saint-Germain y hasta una invitaci\u00f3n con cifras astron\u00f3micas para sumarse por un mes al Cosmos de Estados Unidos, donde hab\u00edan jugado Pel\u00e9 y Franz Beckenbauer. Con lo que le pagaban en Nueva York en cuatro semanas, pod\u00eda comprarse un departamento en Belgrano. Pero el club que lo hab\u00eda visto crecer caminaba por la cornisa del descenso. Chicho, que todav\u00eda ni siquiera ten\u00eda contrato firmado y, a veces, deb\u00eda bajarse corriendo en General Paz para colarse en el colectivo 117 porque no ten\u00eda para el boleto, se sent\u00f3 con el director t\u00e9cnico Rodolfo Motta. Decidi\u00f3 quedarse en el pa\u00eds para salvar a Platense. Lo lograron.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s de ese pibe que pon\u00eda el pecho por su club, se escond\u00eda una historia de dolor familiar. En 1978, mientras el pa\u00eds se distra\u00eda con los goles del Mundial, el terrorismo de Estado entraba al living de su casa. Su hermano Ricardo y su cu\u00f1ada Mar\u00eda Rosa Miranda fueron secuestrados y desaparecidos. Tambi\u00e9n se llevaron al hijo de ambos, Pablo Javier, de tan solo un mes.<\/p>\n<p>A diferencia de los otros hermanos, Ricardo no jugaba a la pelota. Andaba siempre con los libros, solidario, llevando remedios los fines de semana a los vecinos que los necesitaban. De \u00e9l, Chicho atesora un mandato escolar y \u00e9tico: un d\u00eda, yendo al colegio, Ricardo le pidi\u00f3 que le preguntara a la maestra por qu\u00e9 hab\u00eda tanta desigualdad en el mundo. Cuando el ni\u00f1o traslad\u00f3 la pregunta, la se\u00f1orita Zully solo atin\u00f3 a abrazarlo y romper en l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Vino luego el desamparo de la b\u00fasqueda. El recuerdo de ver a sus padres salir desde Villa Celina a presentar h\u00e1beas corpus que todos rebotaban con desprecio. Le qued\u00f3 el recuerdo de su hermano Gilberto yendo a la plaza a firmar denuncias ante la Comisi\u00f3n Interamericana de Derechos Humanos en 1979, hasta que una de las Abuelas lo cruz\u00f3, lo abraz\u00f3 y le orden\u00f3 que no fuera m\u00e1s, que de poner el cuerpo se encargaban ellas, porque a los j\u00f3venes se los llevaban.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Chicho recuerda cuando, en pleno Mundial juvenil, decidi\u00f3 por fin contar su historia a un periodista de la revista Somos. Y el cronista le agradeci\u00f3, pero le dijo que para cuidarlo iba a quitar la parte que hablaba de las desapariciones.<\/p>\n<p>Luego del periplo en Platense, Gaona parti\u00f3 hacia el Independiente Santa Fe de Bogot\u00e1. El dolor volvi\u00f3 a ensa\u00f1arse con su biograf\u00eda. A los pocos d\u00edas de nacer su hijo Jonathan, su esposa Liliana falleci\u00f3 a causa de una enfermedad incurable. Con el alma rota, Chicho peg\u00f3 la vuelta.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" alt src=\"https:\/\/catamarcadespierta.com.ar\/uploads\/ckeditor\/2026\/07\/20260705123358_captura-de-pantalla-2026-07-05-123336.png\"><\/p>\n<p>El f\u00fatbol funcion\u00f3 como un tejido de contenci\u00f3n. Reconstruy\u00f3 su nivel en Deportivo Espa\u00f1ol y a mediados de 1989 desembarc\u00f3 en el Boca del Cai Aimar. En la Bombonera encontr\u00f3 una calidez institucional enorme. El presidente Antonio Alegre, conmovido por su p\u00e9rdida, gestion\u00f3 ante Julio Grondona un permiso especial de la AFA para que el peque\u00f1o Jonathan pudiera ingresar a la cancha como mascota oficial en cada partido. Hubo una enorme solidaridad de dirigentes y compa\u00f1eros frente a su duelo \u00edntimo. Sin embargo, ese mismo f\u00fatbol que se conmov\u00eda ante el dolor del padre viudo, solo mostraba silencio ante el hermano de un desaparecido.<\/p>\n<p>Gaona se sigue reuniendo con sus excompa\u00f1eros de Platense, de Boca, de Espa\u00f1ol, de Uni\u00f3n y de Belgrano. Valora la amistad, la cuida como un refugio indispensable. Sin embargo, en esas mesas compartidas, la desaparici\u00f3n de su hermano sigue siendo una zona de exclusi\u00f3n. Cuesta preguntar. Nadie lo hace. Chicho ensaya una explicaci\u00f3n: \u201cNo s\u00e9, debe ser tan catastr\u00f3fico, que en un momento te debe dar miedo decir: \u2018No, esto no pas\u00f3, esto no puede ser. \u00bfQui\u00e9n va a tirar a un pibe de un avi\u00f3n?\u2019\u201d. Piensa que sus amigos, al conocerlo a \u00e9l y a su familia, hacen un ejercicio silencioso: \u201cYo lo conozco a Chicho, estoy seguro de que ellos no hicieron nada\u201d.<\/p>\n<p>Miles de horas en las concentraciones. Miles de asados compartidos. A\u00fan prima el silencio. Tal vez, para no romper el \u201cclima\u201d del vestuario. Quiz\u00e1s porque el deporte se muestra lejos de esas realidades, o porque los \u201cmaestros del f\u00fatbol\u201d inculcaron poco el compromiso por las causas pol\u00edticas y sociales. Chicho recuerda excepciones luminosas, como Diego Maradona. O cuando Alejandro Sabella se sum\u00f3 a las campa\u00f1as de Abuelas de Plaza de Mayo y convers\u00f3 con Lionel Messi y \u00c1ngel Di Mar\u00eda sobre la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Esa acci\u00f3n abri\u00f3 una puerta que coincidi\u00f3 con la restituci\u00f3n de varias identidades.<\/p>\n<p>Frente al enojo de ciertos sectores que le exigen posturas pol\u00edticas a los futbolistas actuales, Chicho exhibe una vez m\u00e1s su templanza. Su ardiente paciencia. Entiende que son pibes que no tuvieron formadores, que son j\u00f3venes que \u201cno llegan a dimensionar el peso y la potencia de su propia palabra\u201d. Admira el pa\u00f1uelo blanco en las manos de Lisandro Mart\u00ednez o los posteos que a veces replican desde la selecci\u00f3n. Si tuviera la oportunidad de estar frente al plantel actual, su pedido ser\u00eda tan modesto como urgente: \u201cQue nos escuchen cinco minutos. Cinco minutos. Despu\u00e9s ellos sacar\u00e1n una conclusi\u00f3n\u201d. Esos cinco minutos, reflexiona Chicho, adquieren un sentido crucial en una \u00e9poca donde el discurso p\u00fablico se ti\u00f1e de crueldad y desprecio desde las m\u00e1ximas esferas del poder. Ser\u00eda apenas un instante para sembrar una pregunta, para que el f\u00fatbol no olvide.<\/p>\n<p>Su templanza, dice, es el legado directo de las Abuelas. Ese espacio que califica como un \u201clugar m\u00e1gico\u201d. All\u00ed se aprendi\u00f3 a mirar las cosas con calma y con amor, una escuela de la que tambi\u00e9n form\u00f3 parte su propia madre, Justa Paiva, quien jam\u00e1s \u2014ni en la intimidad del hogar\u2014 pronunci\u00f3 una maldici\u00f3n contra los asesinos de su hijo y los apropiadores de su nieto. Solo se preguntaba qu\u00e9 clase de sentimientos habitaban en esa gente para cometer semejante perversidad.<\/p>\n<p>Ese amor fue el que permiti\u00f3 el milagro en 2012. El encuentro con su sobrino Pablo Javier fue el abrazo con un hombre hecho y derecho que, al cruzar la puerta, result\u00f3 ser el calco de su hermano Ricardo. Reconstruir el tejido familiar desde el shock de la apropiaci\u00f3n nunca es un proceso sencillo, pero la puerta de los Gaona siempre permaneci\u00f3 abierta de par en par.<\/p>\n<p>Chicho hoy vive con su mujer Rita y disfruta como un \u201cabuelo baboso\u201d de su nieto Fausto. Trabaja como t\u00e9cnico del equipo de f\u00fatbol de la Universidad Nacional del Oeste, junto al preparador f\u00edsico Fernando Barrios. En el living de su casa de Belgrano, mientras de reojo mira las novedades del Mundial, quiere decir algo m\u00e1s. Piensa en aquellas personas apropiadas por la dictadura que a\u00fan no conocen su verdadera identidad. Les pide que se detengan un segundo, que miren a sus propios hijos o a sus padres, y que venzan el miedo para permitirse conocer la verdad. \u201cCon que vos te preguntes una sola vez \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 ac\u00e1? Vengan a Abuelas, los estamos esperando. Te vas a quedar atrapado en ese amor. Nosotros, los t\u00edos, las t\u00edas, los padres, las abuelas, todo el tiempo estamos mirando en la calle a ver si puede ser un sobrino o nieto nuestro, estamos atentos a todos\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1983, el horizonte de Julio C\u00e9sar \u201cChicho\u201d Gaona parec\u00eda no tener techo. Volante de gran manejo y pegada exquisita, acababa de consagrarse subcampe\u00f3n del mundo juvenil en M\u00e9xico, compartiendo cartel con las promesas m\u00e1s deslumbrantes de la \u00e9poca. 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