{"id":37089,"date":"2026-07-25T00:01:55","date_gmt":"2026-07-25T03:01:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eldiarioar.com\/opinion\/veces-olvidamos_129_13406064.html"},"modified":"2026-07-25T00:01:55","modified_gmt":"2026-07-25T03:01:55","slug":"a-veces-nos-olvidamos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nvccatamarca.com\/index.php\/2026\/07\/25\/a-veces-nos-olvidamos\/","title":{"rendered":"A veces nos olvidamos"},"content":{"rendered":"<p class=\"article-text\"> Vivo en un pa\u00eds que tiene la belleza y la desgracia del que hace lo que puede. Como si las reglas, los compromisos, las obligaciones y todo el paquete completo del <em>deber ser<\/em> fueran cosas de otros. Ac\u00e1, en esta tierra larga al sur del Sur, las cosas las hacemos como nos salen y cuando podemos: somos una masa viva e inabarcable de millones de hombres y mujeres que pelean cada uno por sus propias cosas y con sus propias armas, y que muy de vez en cuando, escuchan al mismo tiempo el eco de algo que les sacude las emociones y los pone a mirar para el mismo lado. Y eso pasa, \u00fanicamente, si nos convoca la ilusi\u00f3n o si nos golpea la puerta la desgracia. El resto de los d\u00edas \u2014los grises, los de siempre, los parecidos, la mayor\u00eda\u2014 nos olvidamos de nosotros mismos y vamos de un lado a otro atomizados, boyando por la existencia, sin tener del todo claro qu\u00e9 tenemos en com\u00fan con aquel que camina por la vereda de enfrente o con el que nos saluda desde m\u00e1s lejos. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Pero resulta que ahora el resto del planeta, Mundial mediante, quiere contarnos a nosotros mismos cu\u00e1les son las cosas que sabemos hacer bien y cu\u00e1les las que hacemos mal. Y cada vez que nos traen la cuenta, el saldo nos da negativo. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Que no sabemos perder. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Que somos tramposos. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Que somos ordinarios. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Que somos racistas. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Que nuestro pa\u00eds es el peor del planeta\u2026 <\/p>\n<p class=\"article-text\"> La lista sigue. El \u201cruido de las redes\u201d o la inocencia de un tuit marcando la agenda de la vida real. \u00bfEn qu\u00e9 momento nos olvidamos que lo pasa en las pantallas no es la realidad? Lo hab\u00edamos aprendido bastante bien a inicios del siglo con la televisi\u00f3n y con el cine, pero pareciera que no pudimos hacer el clic con las redes sociales, y todo lo que ocurre \u00fanicamente dentro del tel\u00e9fono empieza a echar ra\u00edces en la vida real. Y entonces, s\u00ed, hay que salir a defender la bandera de nuestro pueblo contra un enemigo que naci\u00f3 inofensivo pero que autom\u00e1ticamente deja de serlo apenas trasciende el algoritmo y se instala en la discusi\u00f3n pol\u00edtica, en la organizaci\u00f3n de los pueblos y en la felicidad y el sentido colectivo de la sociedad. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> \u201cVivo en un pa\u00eds que tiene la belleza y la desgracia del que hace lo que puede\u201d, dec\u00eda al principio de este texto. Esa frase, quiz\u00e1s con alguna palabra cambiada, se la rob\u00e9 Pupi Soldi, mi primer amigo muerto. Yo ten\u00eda quince y el cincuenta, y nos cruz\u00e1bamos todas las tardes en el club donde aprend\u00ed a fumar, a jugar a las cartas por plata, a hacer carambolas en el billar o mentir una falta envido para ver si pod\u00eda ganar el partido. \u00c9l tomaba ginebra y recitaba verdades que nunca eran ciertas, pero como pasa con todo lo que est\u00e1 mal, algo de verdad arrastraba. \u201cCuidate siempre del que te se\u00f1ala, eh \u2014repet\u00eda Pupi mientras se le deshilachaba el h\u00edgado, el p\u00e1ncreas y el tiempo\u2014 y cuid\u00e1 siempre a los tuyos\u201d. Yo escuchaba inocente y \u00e9l repet\u00eda como si fuera un mantra. \u201cLos hijos de puta est\u00e1n por todos lados; pero estos son nuestros hijos de puta. Y si vienen de otro club a hablar mal de los nuestros, primero los vamos a defender\u201d. No entend\u00eda del todo qu\u00e9 dec\u00eda, pero por las dudas lo memorizaba. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Ahora estoy m\u00e1s cerca de la edad de Pupi y entiendo un poco m\u00e1s. Fue en este pa\u00eds y no en otro a donde llegaron miles de barcos plagados de gente que se escapaba de las guerras y del hambre en busca de una vida en colores, de un abrigo a la existencia y de un refugio ante la tragedia. Y fuimos nosotros, este pueblo tantas veces sometido a la necesidad de ser explicado, los que les abrimos las puertas a todos los que llegaban. Fue ac\u00e1, en esta tierra, donde hicimos de la amistad un culto por sobre todas las cosas. \u201cUn amigo es uno mismo con otro cuero\u201d, dijo alguna vez Atahualpa Yupanqui citando a un paisano suyo. Porque ac\u00e1, en este pa\u00eds en donde casi todas las cosas nos salen mal, nos llegan tarde o nos cuestan m\u00e1s, nos gusta creer que a veces podemos ser felices porque s\u00ed, sin m\u00e1s. Por cosas que no importan, por cosas que no sirven. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Ahora, que parece que nos portamos peor que nunca, que ca\u00edmos en la aberraci\u00f3n de haberle mostrado al mundo los dientes de nuestras carcajadas rotas de alegr\u00eda durante el Mundial, somos arrogantes, irrespetuosos, soberbios y no s\u00e9 cu\u00e1ntas cosas m\u00e1s. El \u00fanico goce permitido, parece, es y ser\u00e1 siempre el de los due\u00f1os del mundo; el resto, debemos medir nuestra alegr\u00eda. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Los treinta y nueve d\u00edas de tregua que vivimos desde el primero al \u00faltimo de los d\u00edas del Mundial fueron eso: una celebraci\u00f3n de la amistad y del valor que le dan algunos pueblos como este al placer de so\u00f1ar despiertos, creyendo que puede que todav\u00eda quede algo m\u00e1gico e inexplicable que nos invite a abrazarnos con los nuestros, aunque sea solo por un rato. Y como pasa siempre que el roto se r\u00ede, alguien lo juzga, subido al pedestal de una supuesta moral nacida en su propio ADN. \u00bfQui\u00e9nes somos nosotros para venir a estar felices? \u00bfA prop\u00f3sito de qu\u00e9 vamos a alegrarnos? \u00bfC\u00f3mo nos damos el lujo de mirarnos las caras y estar contentos? \u00bfQu\u00e9 festejamos? <\/p>\n<p class=\"article-text\"> La contracara de la felicidad es \u2014y ha sido y siempre ser\u00e1\u2014 motivo de bronca de alguien. Dos caras de una misma moneda que nunca es nuestra: no somos dignos de sentirnos felices; no estamos habilitados para morirnos de la risa y saltar bajo la lluvia, el fr\u00edo, el hambre o cualquier otra desgracia que nos pase cerca. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Pero nosotros sabemos caminar con eso sobre nuestras espaldas. Festejamos, entonces, tambi\u00e9n eso: saber que podemos ser felices cuando queramos. Que si de repente se nos antoja vamos a emborracharnos de felicidad y festejaremos las veces que queramos, sin tener que pedirle permiso a nadie. Y que en medio de la fiesta, si uno se cae otro lo va a levantar. Porque la felicidad existe cuando nos re\u00edmos todos. A veces nos olvidamos, s\u00ed. Pero no existen d\u00edas m\u00e1s felices para esta patria que los que nos damos cuenta de qui\u00e9nes somos y cu\u00e1n felices podemos ser, incluso por cosas que no sirven para nada. <\/p>\n<aside class=\"know-more know-more--with-image\"> <a href=\"https:\/\/www.eldiarioar.com\/opinion\/novedad-permanente_129_13327678.html\" data-mrf-recirculation=\"saber-mas-abajo\" data-dl-event=\"saber-mas-abajo\"> <\/p>\n<p class=\"know-more__title\">La novedad permanente\n<\/p>\n<picture class=\"know-more__img\"> <!--[if IE 9]><video style=\"display: none;\"><![endif]--><source media=\"(max-width: 767px)\" type=\"image\/webp\" srcset=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/c8c723f9-b792-4838-81ad-5d6177662ac3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp\"><source media=\"(max-width: 767px)\" type=\"image\/jpg\" srcset=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/c8c723f9-b792-4838-81ad-5d6177662ac3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg\"><source media=\"(min-width: 768px)\" type=\"image\/webp\" srcset=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/c8c723f9-b792-4838-81ad-5d6177662ac3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp\"><source media=\"(min-width: 768px)\" type=\"image\/jpg\" srcset=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/c8c723f9-b792-4838-81ad-5d6177662ac3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg\"><source type=\"image\/webp\" srcset=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/c8c723f9-b792-4838-81ad-5d6177662ac3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp\"><!--[if IE 9]><\/video><![endif]--> <img decoding=\"async\" class=\"lazy\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/c8c723f9-b792-4838-81ad-5d6177662ac3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg\" alt=\"La novedad permanente\"> <\/picture> <\/a><br \/>\n<\/aside>\n<p class=\"article-text\"> <em>NM\/MG<\/em> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vivo en un pa\u00eds que tiene la belleza y la desgracia del que hace lo que puede. 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