Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) reveló que el 48,9% de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años atraviesa condiciones de vulnerabilidad social, una problemática que no solo afecta sus ingresos, sino también su acceso a la educación, la salud y su bienestar emocional.
La investigación, desarrollada por un equipo del Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA en el marco del Proyecto de Investigación y Desarrollo en Áreas Estratégicas (PIDAE-UBA), se basó en 1.002 encuestas presenciales realizadas en todo el país, de las cuales el 73% correspondió a jóvenes que residen fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
Uno de los datos más preocupantes es la existencia del grupo denominado “Triple Ni”, integrado por jóvenes que no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo. Aunque representa un porcentaje reducido, los investigadores advierten que se trata de una población especialmente expuesta a la exclusión social.
El informe también indica que el 70% de los jóvenes tiene algún tipo de ocupación, pero en la mayoría de los casos se trata de empleos informales o precarios. Solo el 19% cuenta con un trabajo formal, aunque incluso esos ingresos muchas veces no alcanzan para salir de la situación de vulnerabilidad.
En materia de salud, el estudio señala que el 78% de los jóvenes vulnerables no dispone de obra social ni cobertura médica privada, por lo que depende exclusivamente del sistema público de salud.
La educación aparece como otro factor determinante. Seis de cada diez jóvenes en situación de vulnerabilidad no finalizaron la escuela secundaria, mientras que apenas el 6,7% accedió a estudios superiores. A pesar de ello, casi el 88% considera que continuar estudiando podría mejorar sus oportunidades de vida.
El relevamiento también encendió una señal de alerta sobre la salud mental. Más del 70% manifestó sufrir ansiedad o problemas de nervios, mientras que la mitad afirmó atravesar episodios de desgano o depresión. Además, tres de cada diez reconocieron tener dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco o drogas.
Los investigadores sostienen que estos resultados reflejan la necesidad de impulsar políticas públicas que fortalezcan el vínculo entre la educación y el empleo, favoreciendo una inserción laboral estable y de calidad para los jóvenes.
A pesar de las dificultades, el estudio muestra que mantienen expectativas de progreso. El 31,9% espera conseguir un trabajo o mejorar su situación económica en los próximos cinco años, mientras que el 29,8% sueña con acceder a una vivienda propia. En contraste, formar una familia aparece como una prioridad para apenas el 4,8% de los consultados.
Con información de Filo.news









