sábado, agosto 8, 2026

Del casco de albañil al certificado de discapacidad: las ofrendas a San Cayetano reflejan el deterioro del trabajo

Cada domingo previo al 7 de agosto, el santuario de San Cayetano renueva las espigas y los objetos que rodean la imagen del santo en la hornacina, a quien miles de personas le piden trabajo o ayuda para atravesar una necesidad. Las ofrendas representan un termómetro social y permiten observar cómo cambia el trabajo en la Argentina y cómo se desinflan las expectativas de los fieles. “Cada objeto intenta representar alguna dimensión de la realidad”, dice a elDiarioAR el padre Lucas Arguimbau, párroco del santuario de Liniers.

En 2023 se dejó como símbolo un cuentaganado rural, una pechera naranja de marítimo, el casco amarillo de un albañil, el mouse para una computadora, un estetoscopio y un costurero. La vara bajó abruptamente y los objetos se renovaron al año siguiente con un certificado de discapacidad, una bandejita de plástico (vianda del comedor comunitario), un hervidor de leche, un mate y un delantal de cocina. Las herramientas de oficio fueron reemplazadas por objetos de asistencia y emergencia.

La Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) convocó para este viernes, por décimo año, a la movilización del Día de San Cayetano, bajo la consigna “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”.

Más asistencia, menos trabajo

El Servicio Social de San Cayetano refleja esa transformación. El comedor pasó de entregar 400 almuerzos diarios a entre 800 y 1.000. Antes preparaban 20 desayunos; hoy sirven entre 280 y 300. También se sumaron familias y jubilados. “Cerca del 71% de las personas en situación de calle que hoy acompañamos no estaban en esa situación hace un año”, revela Arguimbau.La parroquia también tiene un Área de Orientación y Capacitación Laboral. Antes conseguía empleo; hoy apenas puede ayudar a buscarlo. Históricamente atendía a personas con escasa formación, incluso algunas que no sabían leer ni escribir. Hasta 2023 la mayoría buscaba trabajo en limpieza o cuidado de personas. En el último año cambió el perfil y empezaron a llegar abogados, docentes, técnicos y otros profesionales que no logran reinsertarse en el mercado laboral.

Cerca del 71% de las personas en situación de calle que hoy acompañamos no estaban en esa situación hace un año

Lucas Arguimbau Párroco del santuario de Liniers

“Antes predominaban personas con baja calificación o trayectorias laborales muy precarias; hoy se sumaron personas altamente calificadas, profesionales, técnicos y también jubilados”, cuenta a elDiarioAR Graciela Filomena, a cargo del área de Servicio Social.

Acompaña, por ejemplo, a un ingeniero en informática que perdió su cargo cuando cerró la empresa donde trabajaba y hoy es rechazado por estar sobrecalificado. “A las personas más calificadas les cuesta más conseguir trabajo. Cuando se presentan para puestos de menor calificación ni siquiera las convocan”, explica.

También llegan jubilados que necesitan volver a trabajar. “No quieren asistencia porque trabajaron toda su vida, pero ahora con la jubilación no llegan”, dice. “Y muchos tenemos voluntarios que quedaron desempleados y colaboran mientras buscan una nueva oportunidad”.

En el año que se combina el récord histórico de cosecha de trigo con el derrumbe del consumo interno de pan, que cayó hasta un 60% con 2.800 panaderías y 17.000 puestos de trabajo menos, miles de personas peregrinaron para pedirle un milagro a San Cayetano, el santo de la espiga, el pan y el trabajo.

Ignacio, trabajador del Estado, fue uno de los miles que este viernes marcharon de Liniers a Plaza de Mayo: “Estamos en un momento de mucho ajuste, de mucha violencia. Lo que pasó ayer en el Congreso refleja el descontento que tenemos como país, estamos esperanzados que lo de ayer genere un quiebre de cara al año que viene. Llegar a fin de mes es llegar al 10, es muy difícil, hacemos malabares para ver qué compramos. Es mi situación y la de casi todos mis amigos”.

Varias mujeres rezan en Liniers en el Día de San Cayetano, el patrono de los trabajadores.

Giselle estudia trabajo social y vende arriba del tren. También estuvo en la Plaza: “Yo trabajo en la economía popular, la cosa está muy dura, está muy mal, hay muchas necesidades, la gente está pasando mucha hambre. Ya no se puede ir al supermercado a comprar, no alcanza la plata. Sergio, de Monte Hermoso, se sumó a la movilización como ”autoconvocado“. El día anterior estuvo en el Congreso con su mujer para protestar contra la Ley de Tierras. ”Vinimos porque esto no da mas. No hay laburo, quieren vender la patria. Nos estamos acostumbrando a vivir mal y no es así“, le dijo a elDiarioAR.

Las vasijas de barro

Este año el santuario volvió a cambiar la simbología y eligió colocar vasijas de arcilla alrededor del santo para trasmitir algo elemental. Construyeron un horno de carámica en el fondo de la iglesia y ahí cocieron las piezas. Participaron personas en situación de calle, chicos de catequesis, adultos mayores, voluntarios y miembros de la parroquia. Ninguna salió igual a otra. El santuario eligió trasmitir una idea: todos vienen del mismo barro. En el año en que se discute públicamente quién merece ser asistido, los objetos de asistencia y emergencia fueron reemplazados por el recordatorio de que todos son iguales, todos son humanos.

La imagen de San Cayetano, patrono del trabajo con las vasijas que simbolizan la igualdad.

“Hay vecinos de Liniers que colaboran, pero hay otros que preferirían que el Servicio Social no existiera; a veces nos dicen que las personas del conurbano deberían quedarse allá”, cuenta Filomena. “Cuando determinados discursos se legitiman y dividen a la sociedad, muchas personas sienten que pueden expresar comentarios muy violentos sin ningún reparo”.

“Nos inspiramos en la frase de San Pablo: ‘Llevamos este tesoro en vasijas de barro’”, explica Arguimbau. “Habla de la fragilidad humana, pero también del soplo de Dios”.

Los objetos y los datos

En apenas un año, las ofrendas pasaron de representar el deseo de conseguir trabajo a expresar la necesidad de sostener la asistencia en la emergencia. Los datos acompañan ese cambio. Desde que asumió Milei se perdieron 329.600 puestos de trabajo registrados, 141.700 de ellos en los últimos doce meses, según el Instituto Argentina Grande sobre datos del SIPA.

En dos años cerraron 22.608 empresas, el 4,4% de las que había en el país. El 99% eran pymes de hasta 40 trabajadores. El desempleo llegó al 7,8% en el primer trimestre de 2026: 1.145.000 personas. Más de cuatro de cada diez ocupados trabajan sin aportes, obra social ni protección frente al despido, y entre los jóvenes de 16 a 24 años siete de cada diez están en la informalidad. Además, 4,3 millones de personas están desocupadas, buscan otro empleo o necesitan trabajar más horas.

La asistencia se volvió más necesaria, pero también sintió el ajuste. A comienzos de la gestión, el Gobierno admitió que tenía cinco millones de kilos de alimentos sin distribuir. En julio del año pasado eliminó el Registro Nacional de Comedores y Merenderos Comunitarios. Antes de diciembre de 2023 había 50 políticas nacionales de cuidado; en septiembre de 2025 quedaban tres, según La Cocina de los Cuidados. Este año también cayó el Volver al Trabajo, heredero del Salario Social Complementario: más de 930.000 personas dejaron de cobrar $78.000 mensuales. Las más afectadas fueron las cocineras de comedores, para quienes ese pago era el único ingreso.

La hornacina pasó así de mostrar con qué trabaja la gente a mostrar de qué depende para sobrevivir, como ocurrió con el certificado de discapacidad incorporado en 2024. Ese mismo año el entonces titular de la ANDIS, Diego Spagnuolo, anunció la baja de 200.000 pensiones por invalidez. Después llegó la ley de emergencia en discapacidad, sancionada por el Congreso pese al veto de Milei. En agosto de 2025 estallaron los audios de Spagnuolo con denuncias de coimas y menciones a Karina Milei. En enero de este año el decreto 942/2025 disolvió la ANDIS, transfirió sus funciones al Ministerio de Salud y dejó más de 700 despidos.

Con las vasijas de este año, el santuario quiso volver sobre la sencilla idea de que todos vienen del mismo barro y tienen la misma dignidad. Lo hace en un contexto en el que el presidente respondió, ante el planteo de que la gente no llega a fin de mes, que si fuera cierto “las calles tendrían que estar llenas de cadáveres”, y en una ciudad cuyo jefe de Gobierno extendió por decreto la prioridad de los porteños sobre los bonaerenses en los servicios públicos. En julio también se viralizó un video de Jorge Macri en el que cuestionó a las parroquias que reparten comida en la vereda: “La lógica de darle comida y abrigo afuera (…) solo hace que vengan más”. Arguimbau respondió: “El que vive en la calle vive en la calle. No importa si es de provincia o Capital”.

Con la colaboración de Lucía Sanguínetti

LN/MG

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